Los perros llevan miles de años conviviendo con nosotros y, aun así, continúan escondiendo capacidades y comportamientos que pueden resultar sorprendentes. Su forma de percibir el mundo es muy diferente a la nuestra: pueden obtener una enorme cantidad de información a través del olfato, escuchar sonidos que nosotros no detectamos e interpretar pequeños cambios en nuestros gestos, nuestra voz e incluso nuestro olor. En este artículo hemos reunido 77 datos y curiosidades sobre perros relacionados con sus sentidos, su anatomía, su inteligencia, su comportamiento y su historia. También hemos reservado un espacio para algunas creencias muy extendidas que no son completamente ciertas o que la ciencia todavía no ha podido confirmar.

Vamos al lío.

Datos curiosos sobre los extraordinarios sentidos de los perros.

1. El olfato de un perro puede contar con hasta 300 millones de receptores.

El extraordinario olfato de los perros se explica, en parte, por la enorme cantidad de receptores olfativos que poseen. Dependiendo de la raza, pueden llegar a contar con cerca de 300 millones, frente a los aproximadamente cinco o seis millones que tenemos las personas.

Esta cifra varía según la raza: se estima que un bloodhound puede alcanzar los 300 millones, mientras que un pastor alemán rondaría los 225 millones y un fox terrier tendría cerca de 150 millones.

2. Una parte mucho mayor de su cerebro está dedicada a interpretar olores.

Los perros no solo poseen muchos más receptores olfativos que nosotros, sino también una mayor capacidad para procesar toda la información que reciben a través de ellos. La zona de su cerebro dedicada a analizar los olores es, en proporción, aproximadamente 40 veces mayor que la nuestra.

Esto les permite detectar aromas que para nosotros pasan completamente desapercibidos, diferenciarlos y extraer de ellos una enorme cantidad de información sobre su entorno, otros animales e incluso las personas con las que conviven.

En la imagen puedes ver una comparación visual de la actividad cerebral que supone el olfato entre perros y personas. Por esta razón es tan importante ofrecerles una adecuada estimulación olfativa.

que siente un perro cuando huele

3. Su nariz húmeda les ayuda a captar los olores.

La humedad de la trufa ayuda a retener las moléculas olorosas presentes en el aire, facilitando que entren en contacto con los receptores olfativos. Los perros mantienen la nariz húmeda gracias a una fina capa de mucosidad y a que se la lamen con frecuencia.

Por este motivo, una nariz húmeda puede favorecer su capacidad olfativa, pero eso no significa que una trufa seca sea necesariamente señal de enfermedad. Su humedad puede variar a lo largo del día por factores tan normales como el sueño, la temperatura ambiental o el tiempo transcurrido desde que el perro se la lamió.

4. Los perros pueden analizar por separado los diferentes olores de una mezcla.

Mientras que nosotros podemos percibir el olor general de un guiso, un perro es capaz de identificar por separado algunos de los ingredientes que lo componen. Su olfato no se limita a detectar que algo huele, sino que puede distinguir las diferentes moléculas olorosas presentes en una mezcla.

Esta capacidad les permite obtener mucha más información de un mismo olor y explica, en parte, por qué pueden seguir un rastro concreto en un entorno lleno de estímulos, localizar personas o detectar sustancias específicas aunque estén mezcladas u ocultas entre otras.

5. Cada fosa nasal puede captar información diferente.

Los perros pueden utilizar sus dos fosas nasales de manera independiente. Cada una capta información ligeramente distinta según la dirección y la intensidad con la que llegan las moléculas olorosas, lo que les ayuda a determinar de dónde procede un olor.

Esta capacidad, comparable en cierto modo a la forma en que nuestros oídos localizan un sonido (es como si los perros oliesen en “estéreo”), les permite orientarse hacia la fuente del aroma y seguir un rastro con enorme precisión. Por eso es habitual verlos mover la cabeza de un lado a otro o cambiar de dirección mientras olfatean.

6. Los perros pueden “oler” el paso del tiempo.

Evidentemente, los perros no huelen las horas como si el tiempo tuviera un aroma propio. Sin embargo, pueden percibir cómo cambia la intensidad de los olores: por ejemplo, el rastro de una persona se va debilitando desde que abandona la casa, lo que podría ayudarles a estimar cuánto tiempo ha transcurrido desde su marcha.

Los olores del hogar también varían a lo largo del día debido a factores como la temperatura y las corrientes de aire. Esta información, combinada con sus ritmos biológicos y las rutinas aprendidas, puede permitirles anticipar acontecimientos habituales, como la hora del paseo o nuestro regreso a casa.

7. Pueden detectar cambios relacionados con nuestras emociones.

Las emociones provocan cambios físicos en nuestro organismo que pueden modificar el olor corporal. Cuando sentimos miedo o estrés, por ejemplo, varían nuestra respiración y sudoración, produciendo señales químicas que el extraordinario olfato del perro puede detectar.

Además, no dependen únicamente del olor para saber cómo nos sentimos. También observan nuestra expresión facial, postura y movimientos, y prestan atención al tono de voz. Al combinar todas estas señales, pueden percibir cambios en nuestro estado emocional que quizá intentamos ocultar a otras personas.

8. Algunos perros pueden detectar enfermedades.

Algunas enfermedades provocan cambios químicos en el organismo que alteran el olor del aliento, el sudor o la orina. Los perros entrenados para detectarlos pueden llegar a identificar determinados tipos de cáncer, cambios peligrosos en los niveles de glucosa o señales asociadas a una futura crisis epiléptica, en ocasiones antes de que aparezcan síntomas evidentes.

Sin embargo, estas capacidades no convierten a cualquier perro en una herramienta de diagnóstico. Requieren una selección y un entrenamiento específicos y, aunque pueden servir como sistema de alerta o apoyo, nunca sustituyen las pruebas médicas ni la valoración de un profesional sanitario.

9. La nariz de los perros puede detectar el calor.

La trufa de los perros no solo interviene en el olfato: también puede percibir la débil radiación térmica emitida por cuerpos calientes. Esta capacidad les permitiría detectar la presencia o localizar la dirección de un animal incluso cuando no pueden verlo, oírlo ni olerlo con claridad.

No significa que dispongan de una visión térmica comparable a la de una cámara. Se trata de una sensibilidad limitada a pequeñas diferencias de temperatura y que parece funcionar mejor a corta distancia, probablemente heredada de sus antepasados cazadores.

10. Los perros oyen sonidos más agudos que nosotros.

Mientras que las personas solemos escuchar frecuencias de hasta unos 20.000 hercios, los perros pueden percibir sonidos que alcanzan aproximadamente entre 45.000 y 65.000 hercios. Esto les permite oír sonidos muy agudos que para nosotros resultan completamente imperceptibles.

esquema de frecuencias que pueden escuchar los perros

Esta diferencia explica el funcionamiento de los silbatos para perros y también que reaccionen antes que nosotros a ciertos ruidos. Sin embargo, un oído más sensible puede hacer que sonidos intensos como los petardos, los truenos o algunas máquinas les resulten especialmente molestos o aterradores.

11. Los perros ven mejor que nosotros cuando hay poca luz.

Los perros ven mejor que nosotros cuando la iluminación es escasa porque poseen una mayor proporción de bastones, las células de la retina especializadas en captar la luz.

Además, cuentan con una capa reflectante detrás de la retina, denominada tapetum lucidum, que permite aprovechar de nuevo la luz que entra en el ojo y provoca ese característico brillo cuando los iluminamos en la oscuridad.

Esto no significa que puedan ver cuando no hay absolutamente nada de luz. En completa oscuridad tampoco ven, aunque pueden seguir orientándose gracias a su extraordinario olfato, su oído y la información táctil que reciben a través de los bigotes.

12. Los perros tienen tres párpados.

Además del párpado superior y el inferior, los perros poseen un tercero llamado membrana nictitante. Se encuentra en la esquina interna del ojo y normalmente permanece oculto, por lo que puede pasar desapercibido.

Este tercer párpado ayuda a proteger el ojo frente a la suciedad y las lesiones, distribuye la película lagrimal y participa en la producción de lágrimas. Si permanece visible cuando el perro está despierto, puede indicar que existe algún problema ocular o de salud y conviene consultarlo con un veterinario.

13. Tienen menos papilas gustativas que los humanos.

Los perros poseen alrededor de 1.700 papilas gustativas, muchas menos que las aproximadamente 9.000 que tenemos las personas. Pueden distinguir sabores como el dulce, el salado, el ácido y el amargo, pero su sentido del gusto es bastante menos preciso que el nuestro.

Para decidir si un alimento les resulta apetecible dependen mucho más del olfato. Por eso, el aroma de la comida puede ser más importante para un perro que su sabor y una pérdida de olfato puede reducir considerablemente su interés por comer.

Datos curiosos sobre anatomía y características físicas de los perros.

14. La huella de la nariz de cada perro es diferente.

Los pequeños surcos, líneas y relieves que forman la superficie de la trufa crean un patrón propio en cada perro. Al igual que sucede con nuestras huellas dactilares, no se conocen dos impresiones nasales exactamente iguales, ni siquiera entre perros de una misma camada.

Por esta razón, la huella de la nariz se ha utilizado en algunos lugares como método de identificación. Sin embargo, en la práctica, el microchip resulta mucho más fiable y permite relacionar al animal con los datos de su responsable si se pierde.

15. Los perros sudan por las almohadillas.

Aunque solemos decir que los perros no sudan, poseen glándulas sudoríparas en las almohadillas de las patas. Estas pueden liberar una pequeña cantidad de sudor y hacer que dejen huellas húmedas sobre el suelo, especialmente cuando tienen calor o están nerviosos.

Sin embargo, este mecanismo tiene una capacidad muy limitada para reducir su temperatura corporal. A diferencia de nosotros, los perros no pueden refrescarse sudando a través de toda la piel, por lo que dependen principalmente del jadeo para eliminar el exceso de calor.

16. El jadeo es su principal mecanismo para perder calor.

Como los perros apenas pueden refrescarse mediante el sudor, recurren principalmente al jadeo para regular su temperatura corporal. Al respirar rápidamente con la boca abierta, favorecen la evaporación de la humedad presente en la lengua, la boca y las vías respiratorias, lo que les ayuda a expulsar parte del calor acumulado.

Es normal que un perro jadee después de hacer ejercicio o cuando hace calor, pero debemos prestar atención si lo hace de forma muy intensa, no consigue recuperarse o presenta síntomas como debilidad, desorientación, vómitos o encías excesivamente rojas. En estos casos podría estar sufriendo un golpe de calor y necesitar atención veterinaria urgente.

perro jadeando por estrés

¿Este perro tiene cara de estar tranquilo?

17. Un perro puede ser diestro, zurdo o no mostrar preferencia.

Al igual que las personas solemos utilizar una mano con mayor habilidad, muchos perros muestran preferencia por una de sus patas delanteras. Otros, en cambio, emplean ambas indistintamente y no presentan una lateralidad claramente definida.

Un análisis de diferentes estudios concluyó que alrededor del 68 % eran diestros o zurdos, mientras que el 32 % restante utilizaba ambas patas sin mostrar una preferencia clara. A diferencia de lo que sucede entre los humanos, ninguna de las dos patas parece predominar en el conjunto de la especie.

Puedes intentar descubrirlo de forma sencilla siguiendo los pasos que te explico aquí.

18. Los perros pueden sufrir quemaduras solares.

Aunque su pelaje les proporciona cierta protección, los perros también pueden sufrir quemaduras por una exposición excesiva al sol. Las zonas con menos pelo, como la trufa, las puntas de las orejas, el abdomen o la parte interior de las patas, son especialmente vulnerables. El riesgo es mayor en perros con el pelo corto o escaso y la piel clara.

Para prevenirlas, evita la exposición prolongada durante las horas de mayor radiación, proporciona siempre un lugar con sombra y utiliza únicamente protectores solares formulados específicamente para perros. Algunos ingredientes presentes en los productos para personas pueden resultar perjudiciales si el animal los ingiere al lamerse.

19. El chocolate puede resultar tóxico para los perros.

El chocolate contiene teobromina y cafeína, dos sustancias que los perros metabolizan mucho más lentamente que nosotros y que pueden acumularse en su organismo hasta alcanzar niveles tóxicos. El riesgo depende del peso del animal, la cantidad ingerida y el tipo de chocolate: el cacao en polvo y el chocolate negro son mucho más peligrosos que el chocolate con leche.

Los síntomas pueden incluir vómitos, diarrea, inquietud, jadeo, aumento del ritmo cardiaco, temblores o convulsiones. Si tu perro ha comido chocolate, no esperes a que aparezcan: contacta cuanto antes con un veterinario e indícale su peso, qué tipo de chocolate ha ingerido y aproximadamente qué cantidad.

20. Los perros pequeños suelen vivir más que los grandes.

Aunque existen muchas diferencias entre razas e individuos, los perros pequeños suelen tener una esperanza de vida mayor que los grandes. Algunas razas pequeñas pueden superar los 14 o 15 años, mientras que la vida de las razas gigantes suele situarse alrededor de los 7 a 10 años.

Puede parecer contradictorio, ya que entre especies los animales grandes suelen vivir más que los pequeños. Sin embargo, dentro de la especie canina, los perros de mayor tamaño crecen más deprisa y parecen experimentar un envejecimiento acelerado. En cualquier caso, la genética, la alimentación, el ejercicio y la atención veterinaria también influyen de manera importante en la longevidad.

cambio de hora afecta a perros

Datos curiosos sobre inteligencia, memoria y aprendizaje.

21. Los perros poseen una percepción básica del tiempo.

Los perros no consultan el reloj, pero sí pueden distinguir intervalos de diferente duración. Algunos estudios han observado, por ejemplo, que reciben a sus cuidadores con mayor intensidad después de permanecer separados durante dos horas que cuando la ausencia dura solo unos minutos.

Además, combinan sus ritmos biológicos con las rutinas aprendidas y diferentes señales del entorno, como la luz, los sonidos o la evolución de los olores. Gracias a ello pueden anticipar acontecimientos habituales, como la hora de comer, el paseo diario o el momento aproximado en que una persona regresa a casa.

22. Pueden aprender decenas o incluso cientos de palabras.

Los perros pueden asociar numerosas palabras con acciones, personas, lugares y objetos. La cantidad depende de cada individuo y del entrenamiento recibido, por lo que no existe un vocabulario común a todos. Además, para comprendernos utilizan también nuestro tono de voz, nuestros gestos y el contexto en el que pronunciamos cada término.

Algunos perros especialmente entrenados han alcanzado cifras sorprendentes. Chaser, una Border Collie, aprendió los nombres de más de 1.000 juguetes y podía seleccionar el objeto solicitado entre diferentes opciones, demostrando que las capacidades lingüísticas caninas pueden ir mucho más allá de órdenes como “sienta” o “ven”.

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23. Su inteligencia es como la de un niño pequeño.

La inteligencia de un perro adulto suele compararse con la de un niño de entre dos y dos años y medio. Esta equivalencia se basa en capacidades concretas, como aprender palabras, interpretar gestos, resolver problemas sencillos o comprender cantidades básicas.

Sin embargo, no significa que un perro piense exactamente como un niño de esa edad. Cada especie ha desarrollado habilidades diferentes para adaptarse a su entorno: los perros, por ejemplo, destacan especialmente al interpretar nuestras señales sociales y cooperar con nosotros. Por tanto, la comparación sirve para hacernos una idea aproximada de algunas capacidades, pero no permite equiparar su inteligencia general.

24. Los perros estudian nuestras expresiones faciales.

Los perros prestan atención a nuestros ojos, nuestra boca y otros movimientos del rostro para obtener información sobre cómo nos sentimos. Diferentes estudios indican que pueden distinguir entre expresiones humanas alegres y enfadadas, incluso cuando se les muestra solamente una parte de la cara.

Sin embargo, no interpretan nuestro rostro de forma aislada. Combinan esta información con el tono de voz, la postura corporal, los movimientos y el olor para comprender mejor la situación y decidir cómo responder. Esta capacidad se ha visto favorecida por miles de años de convivencia y cooperación con las personas.

25. Reconocen voces familiares.

Los perros pueden distinguir la voz de su cuidador de la de otras personas, incluso cuando no pueden verlo y lo escuchan fuera de su contexto habitual. Para reconocerlo se fijan en características como el tono, el timbre y la forma particular de hablar, y no únicamente en las palabras pronunciadas.

Además, su cerebro procesa de manera diferente la identidad de quien habla, el contenido de las palabras y la entonación. Por eso pueden reconocer una voz familiar y, al mismo tiempo, percibir si esa persona se dirige a ellos de forma alegre, tranquila o enfadada.

26. Algunos perros muestran una memoria duradera de las personas.

Los perros pueden reconocer a personas conocidas incluso después de pasar mucho tiempo sin verlas. Para hacerlo combinan diferentes señales, especialmente el olor y la voz, pero también el rostro, los movimientos y la forma de relacionarse con ellos.

La intensidad de esa respuesta dependerá de cada perro y de las experiencias compartidas. Una relación frecuente o emocionalmente significativa puede dejar un recuerdo duradero, aunque esto no significa que almacenen una historia detallada de esa persona de la misma manera que lo hacemos nosotros.

27. Los perros pueden mostrar comportamientos parecidos a los celos.

Algunos perros intentan recuperar la atención de su cuidador cuando este se relaciona de forma afectuosa con otro perro. Pueden interponerse entre ambos, empujar, tocar a la persona o mostrar más interés de lo habitual, comportamientos que se parecen a los celos humanos.

Incluso se han observado reacciones similares durante experimentos en los que el supuesto rival era un perro de peluche. Sin embargo, no podemos asegurar que experimenten unos celos tan complejos como los nuestros: su respuesta también podría deberse a la pérdida de atención, la frustración o la percepción de que otro individuo está compitiendo por un recurso valioso.

28. La expresión que interpretamos como culpabilidad puede no ser culpa.

Cuando creemos que un perro ha hecho algo mal, es habitual que baje la cabeza, aparte la mirada, eche las orejas hacia atrás o esconda la cola.

Aunque solemos interpretar estas señales como una confesión, diferentes experimentos indican que aparecen principalmente como respuesta a nuestro enfado, tono de voz y postura corporal, incluso cuando el perro no ha desobedecido, como ya te he explicado en este vídeo.

Más que demostrar que comprende su acción desde un punto de vista moral, esta expresión parece formar parte de una conducta de apaciguamiento con la que intenta reducir el conflicto. El perro puede haber aprendido que ciertas situaciones anticipan una reprimenda, pero eso no significa necesariamente que sienta culpa tal como la entendemos las personas.

29. Decir únicamente “no” ofrece poca información al perro.

Cuando decimos “no”, podemos interrumpir momentáneamente una conducta, pero no explicamos al perro qué esperamos que haga en su lugar. Además, utilizamos la misma palabra ante situaciones muy diferentes, por lo que su significado puede resultar demasiado impreciso para él.

Es más útil enseñarle una conducta alternativa concreta. Si queremos que deje un objeto, podemos utilizar una señal como “suelta”; si salta para saludarnos, podemos pedirle que mantenga las cuatro patas en el suelo.

Cuando le mostramos una opción clara y la reforzamos, facilitamos que pueda repetirla en situaciones similares. Si quieres profundizar en esto, en este artículo te explico por qué deberías dejar de gritar “no” a tu perro.

30. Los perros pueden imitar algunas acciones humanas.

Los perros son capaces de aprender observando lo que hacemos y reproducir después algunas de nuestras acciones. Por ejemplo, pueden aprender a abrir una puerta, tocar un objeto o desplazarse hacia un lugar determinado después de ver cómo lo hace una persona.

Esta capacidad se conoce como aprendizaje social y probablemente se ha visto favorecida por miles de años de convivencia con nosotros. Incluso existe una técnica de entrenamiento llamada “Do as I Do” (“haz lo que yo hago”), en la que el perro aprende a imitar una acción humana después de recibir una señal.

ejercicio de mirada y atención en el perro

Datos curiosos sobre sus emociones y relación con los humanos.

31. Mirar a un perro conocido puede aumentar la oxitocina en ambos.

Cuando un perro y su cuidador mantienen un contacto visual tranquilo y amistoso, los niveles de oxitocina pueden aumentar en ambos. Esta hormona participa en la creación de vínculos afectivos y también interviene, por ejemplo, en la relación entre una madre y su bebé.

Además, parece producirse un círculo de refuerzo: la mirada del perro aumenta la oxitocina de la persona, lo que favorece una interacción más afectuosa y puede elevar a su vez la del animal. Sin embargo, no todos los perros disfrutan del contacto visual prolongado, por lo que nunca debemos forzarlo ni mirar fijamente a un perro desconocido.

32. Acariciar a un perro puede reducir la presión arterial.

Acariciar a un perro de manera tranquila puede disminuir temporalmente la presión arterial y el ritmo cardiaco de la persona, además de favorecer una sensación de relajación. Algunos estudios indican que el efecto también puede producirse en el propio perro cuando disfruta del contacto.

Sin embargo, las caricias no resultan relajantes para todos los perros ni en cualquier momento. Conviene observar su lenguaje corporal, permitir que se aleje si lo desea y evitar zonas que puedan incomodarlo. El beneficio aparece cuando la interacción es voluntaria y agradable para ambos.

33. Los perros pueden sincronizar su estado emocional con el nuestro.

Los perros son muy sensibles a nuestro estado emocional y pueden llegar a reflejarlo en su comportamiento. Si su cuidador está tranquilo, es más probable que se relaje; si se muestra nervioso o estresado, el perro puede permanecer más alerta, inquietarse o reaccionar con mayor intensidad ante lo que sucede a su alrededor.

Esta sincronización no se debe a que el perro pueda leer nuestros pensamientos. Percibe cambios en nuestro olor, tono de voz, expresión facial, postura y forma de movernos, y también puede verse afectado por una convivencia prolongada en el mismo ambiente. Algunos estudios incluso han encontrado niveles de estrés relacionados entre los perros y sus cuidadores.

34. Pueden diferenciar expresiones alegres y enfadadas.

Los perros pueden distinguir una expresión humana alegre de otra enfadada, incluso cuando observan el rostro de una persona desconocida. Esto indica que no se limitan a memorizar los gestos habituales de sus cuidadores, sino que pueden reconocer ciertos patrones comunes en nuestras expresiones.

Además, son capaces de relacionar lo que ven con lo que oyen: una cara alegre con un tono de voz positivo y una cara enfadada con una voz negativa. Esta capacidad les permite interpretar mejor nuestras emociones y adaptar su comportamiento a la situación.

35. Algunos perros intentan acercarse o consolar a personas alteradas.

Cuando una persona llora o muestra señales de malestar, algunos perros se acercan, permanecen a su lado, apoyan la cabeza sobre ella o buscan el contacto físico. Diferentes experimentos han observado que pueden aproximarse incluso a personas desconocidas que están llorando, lo que sugiere que responden a las señales emocionales y no solo a la relación con su cuidador.

Sin embargo, no podemos asegurar que comprendan exactamente la causa de nuestra tristeza ni que pretendan consolarnos de manera consciente.

Su reacción también puede deberse a la curiosidad, al malestar que les provoca la situación o a una conducta aprendida, aunque para la persona su compañía pueda resultar igualmente reconfortante.

36. El bostezo humano puede ser contagioso para los perros.

Al igual que ocurre entre las personas, ver u oír bostezar a un humano puede provocar que algunos perros también bostecen. Algunos estudios han observado, además, que esta respuesta puede ser más frecuente cuando quien bosteza es una persona conocida.

Se ha propuesto que este contagio podría estar relacionado con la empatía o con el vínculo entre el perro y su cuidador, pero la evidencia no es concluyente.

También podría deberse a la atención, la imitación o incluso al estrés que produce la situación experimental, por lo que todavía no sabemos con certeza por qué sucede.

perro bostezando por estrés

37. Muchos perros desarrollan una relación especialmente estrecha con una persona.

Aunque un perro puede mantener vínculos afectivos con varias personas, es habitual que muestre una preferencia especial por una de ellas. Puede buscar más su compañía, acudir a ella cuando necesita seguridad o prestarle mayor atención que al resto de la familia.

Y no, esa persona no tiene por qué ser quien más lo consiente ni quien le da siempre de comer. La preferencia suele construirse a partir de la calidad de las interacciones, el tiempo compartido, la sensación de seguridad y las experiencias positivas vividas juntos. También influyen el carácter del perro y la afinidad entre ambos.

38. El olor de una persona conocida puede resultar reconfortante.

El olor de su cuidador puede transmitir familiaridad y seguridad a un perro, incluso cuando esa persona no está presente. Por eso, dejarle una prenda usada puede ayudarlo a relajarse durante una ausencia breve, una estancia en un lugar desconocido u otra situación que le genere cierta inseguridad.

Sin embargo, esta medida no soluciona por sí sola la ansiedad por separación. Si el perro ladra, destruye objetos, intenta escapar o muestra un malestar intenso cuando se queda solo, necesitará un tratamiento individualizado y la ayuda de un profesional especializado en comportamiento canino.

39. Dormir cerca de una persona suele expresar seguridad y vínculo social.

Los perros son animales sociales y descansar cerca de otros miembros del grupo puede proporcionarles protección, calor y tranquilidad. Cuando un perro elige dormir junto a una persona, generalmente indica que se siente seguro en su presencia y que existe un vínculo de confianza entre ambos.

Esto no significa que todos los perros necesiten dormir en la cama de sus cuidadores. Algunos prefieren mantener cierta distancia, cambiar de lugar durante la noche o buscar superficies más frescas. Lo importante es que dispongan de un espacio cómodo y seguro y puedan elegir dónde descansar.

40. La música puede modificar su comportamiento.

La música puede influir en el comportamiento de los perros. Algunos estudios realizados en refugios y residencias caninas han observado que ciertas melodías se relacionan con más tiempo de descanso, menos vocalizaciones y otros signos compatibles con una mayor relajación. La música clásica, el reggae y el rock suave se encuentran entre los estilos que han obtenido resultados positivos.

Sin embargo, no existe un género que relaje a todos los perros por igual y el efecto puede disminuir si escuchan siempre las mismas canciones.

El volumen también es importante: debido a la sensibilidad de su oído, la música demasiado alta puede resultar molesta o estresante en lugar de ayudarlos a relajarse.

cola perro comunicación canina

Datos curiosos sobre comportamientos caninos que solemos interpretar mal.

41. Mover la cola no significa necesariamente estar contento.

El movimiento de la cola indica que el perro se encuentra emocionalmente activado, pero esa emoción no siempre es alegría. También puede moverla cuando siente miedo, inseguridad, frustración, nerviosismo o una gran excitación, e incluso antes de mostrar una conducta agresiva.

Este es uno de los errores más típicos que cometemos al entender el lenguaje canino.

Para interpretarla bien debemos observar su altura, rigidez, velocidad y amplitud, además del movimiento del resto del cuerpo. Una cola suelta que acompaña a un cuerpo relajado no transmite lo mismo que una cola alta y rígida moviéndose rápidamente. Por tanto, nunca debemos valorar su estado emocional fijándonos únicamente en si la cola se mueve.

42. La dirección hacia la que mueven la cola puede reflejar emociones diferentes.

Algunos estudios han observado que los perros tienden a mover la cola más hacia el lado derecho de su cuerpo ante estímulos positivos, como ver a su cuidador. En cambio, el movimiento puede desplazarse hacia la izquierda ante situaciones que les generan inseguridad o una emoción negativa, como la presencia de un perro desconocido con una actitud amenazante.

Esta asimetría estaría relacionada con el funcionamiento de los dos hemisferios cerebrales, cada uno de los cuales controla principalmente el lado opuesto del cuerpo.

Sin embargo, es una señal muy sutil y no debe utilizarse de manera aislada: para saber cómo se siente un perro hay que observar el conjunto de su lenguaje corporal y el contexto.

43. Inclinar la cabeza puede ayudarles a procesar información.

Los perros suelen inclinar la cabeza cuando escuchan una palabra, un ruido o una voz que llama especialmente su atención. Este gesto podría ayudarlos a localizar mejor el origen del sonido y a observar nuestro rostro desde otro ángulo, sobre todo en aquellos cuya visión queda parcialmente obstaculizada por el hocico.

También se ha relacionado con la concentración y el procesamiento de información relevante. Un estudio observó que los perros capaces de recordar los nombres de varios juguetes inclinaban la cabeza con mayor frecuencia cuando escuchaban una petición conocida.

Por tanto, el gesto podría indicar que están prestando atención e intentando relacionar lo que oyen con algo que ya han aprendido.

44. Dar vueltas antes de tumbarse es una conducta heredada.

Dar varias vueltas antes de acostarse es una conducta heredada de los antepasados salvajes del perro.

Girar sobre sí mismos les habría permitido aplastar la hierba, apartar pequeñas ramas, comprobar que no había peligros y preparar un lugar más cómodo para descansar.

Aunque los perros actuales duerman sobre camas y mantas, muchos conservan este comportamiento instintivo. Normalmente no debe preocuparnos, pero si un perro da muchas vueltas, parece incapaz de acomodarse o cambia de postura continuamente, podría estar sintiendo dolor o alguna otra molestia.

45. Dormir enroscados conserva calor y protege zonas vulnerables.

Cuando un perro duerme enroscado, reduce la superficie corporal expuesta y conserva mejor el calor.

Además, esta postura protege el abdomen y otros órganos vitales, una ventaja que resultaba especialmente útil para sus antepasados cuando descansaban a la intemperie y permanecían expuestos a posibles amenazas.

Sin embargo, no significa necesariamente que tenga frío o se sienta inseguro. Muchos perros se enroscan simplemente porque les resulta cómodo y cambian de postura durante el descanso. Cuando tienen calor o se sienten completamente relajados, es más probable que duerman estirados o incluso boca arriba.

46. Esconder la cola entre las patas reduce la exposición de señales olorosas.

Cuando un perro esconde la cola entre las patas suele estar expresando miedo, inseguridad o una intención de evitar el conflicto. Al hacerlo también cubre parcialmente la zona anal, donde se encuentran unas glándulas que producen un olor característico con información sobre su identidad.

Por tanto, esta postura podría reducir la difusión de sus señales olorosas, como si el perro intentara pasar más desapercibido ante una amenaza.

Sin embargo, para comprender cómo se siente debemos observar también otras señales, como las orejas hacia atrás, el cuerpo encogido, la mirada apartada o los intentos de alejarse.

47. Saltar sobre las personas suele ser una forma de saludo o búsqueda de contacto.

Cuando un perro salta sobre una persona no suele estar intentando dominarla ni portarse mal. Con frecuencia busca acercarse a su cara, saludarla o conseguir su atención, especialmente si está excitado por su llegada.

Además, si obtiene miradas, palabras o contacto físico cada vez que lo hace, puede aprender que saltar funciona.

Aunque sea una conducta normal, puede resultar molesta o peligrosa, sobre todo con niños, personas mayores o perros grandes. En lugar de castigarlo, podemos enseñarle una alternativa incompatible, como mantener las cuatro patas en el suelo o sentarse para recibir el saludo, y prestarle atención cuando la realice.

Perro que salta y se sube sobre gente

48. Lamerse insistentemente las patas puede indicar un problema.

Que un perro se lama las patas ocasionalmente forma parte de su aseo normal. Sin embargo, cuando lo hace de manera frecuente o insistente, puede estar tratando de aliviar picor, dolor o alguna molestia provocada por una herida, una espiga, parásitos, irritación o alergia.

El lamido repetitivo también puede aparecer como respuesta al estrés, el aburrimiento o haberse convertido en una conducta compulsiva. Si la zona está enrojecida, pierde pelo, desprende mal olor o el comportamiento persiste, conviene acudir al veterinario para identificar la causa en lugar de limitarse a impedir que se lama.

49. Los perros mayores pueden desarrollar nuevos miedos nocturnos.

Algunos perros comienzan a mostrarse inquietos cuando oscurece a medida que envejecen, aunque anteriormente durmieran sin problemas.

La pérdida de visión o audición puede hacer que les cueste más orientarse, mientras que el dolor y otras molestias físicas pueden impedirles encontrar una postura cómoda y descansar.

La ansiedad nocturna también puede ser uno de los signos del síndrome de disfunción cognitiva, un trastorno similar en algunos aspectos a la demencia humana.

Si el perro deambula, vocaliza, parece desorientado o cambia sus horarios de sueño, conviene consultar al veterinario: no debemos asumir que se trata simplemente de una consecuencia inevitable de la edad.

50. Los perros sueñan.

Los perros atraviesan distintas fases del sueño, incluida la fase REM, que es cuando las personas tenemos los sueños más vívidos. Durante ella podemos observar que mueven las patas, agitan los párpados, cambian su respiración o emiten pequeños sonidos, señales que indican que probablemente están soñando.

No podemos saber con certeza qué aparece en sus sueños, aunque es razonable pensar que incorporan experiencias vividas durante el día.

Si ves a tu perro moverse o gemir mientras duerme, lo más recomendable es no despertarlo bruscamente: podría asustarse o reaccionar de manera involuntaria al salir del sueño.

como influye la metodología de adiestramiento en el perro

Datos curiosos sobre su origen, domesticación y razas.

51. El perro fue el primer animal domesticado por los humanos.

El perro está considerado el primer animal domesticado por nuestra especie, mucho antes que el ganado e incluso antes del desarrollo de la agricultura.

Aunque la fecha exacta continúa siendo objeto de debate, existen restos de perros domésticos de hace al menos 14.000 o 15.000 años, y algunos estudios sitúan el inicio del proceso mucho antes.

Probablemente no se produjo en un único momento ni porque los humanos decidieran capturar y criar lobos de forma intencionada.

Una de las hipótesis más aceptadas propone que los ejemplares menos temerosos comenzaron a acercarse a los asentamientos humanos para aprovechar sus restos de comida, iniciando una relación de beneficio mutuo que fue estrechándose durante miles de años.

52. Perros y lobos comparten un antepasado común.

Aunque solemos decir que los perros descienden del lobo, no proceden directamente de los lobos que existen en la actualidad. Ambos están estrechamente emparentados y comparten un antepasado perteneciente a una antigua población de lobos, probablemente ya desaparecida.

A partir de ese antepasado, perros y lobos modernos siguieron caminos evolutivos diferentes.

Miles de años de convivencia con los humanos y de selección natural y artificial transformaron la anatomía, el comportamiento y las capacidades sociales de los perros, dando lugar a la enorme diversidad que conocemos hoy.

53. Los galgos pueden alcanzar unos 70 kilómetros por hora.

Los galgos están considerados los perros más rápidos y pueden alcanzar aproximadamente 70 kilómetros por hora en distancias cortas. Su cuerpo estrecho y aerodinámico, sus patas largas, su musculatura y la flexibilidad de su columna les permiten cubrir una gran distancia en cada zancada.

Esta capacidad atlética no significa que necesiten correr continuamente ni que sean perros especialmente inquietos dentro de casa. Tras disponer de oportunidades seguras para correr y realizar sus paseos diarios, muchos galgos pasan buena parte del tiempo descansando.

Eso sí, por su velocidad y su instinto de persecución, solo deben soltarse en espacios bien cerrados y controlados.

54. Un galgo puede superar a un guepardo en una carrera suficientemente larga.

Un guepardo puede superar ampliamente los 100 kilómetros por hora, mientras que un galgo alcanza alrededor de 70. Sin embargo, el felino solo mantiene su velocidad máxima durante unos segundos porque el enorme esfuerzo eleva rápidamente su temperatura corporal.

El galgo es más lento, pero puede sostener una carrera rápida durante más tiempo.

Por eso, en una carrera suficientemente larga, el galgo podría terminar adelantando al guepardo cuando este se viera obligado a reducir la velocidad o detenerse. Se trata de una comparación teórica entre velocidad máxima y resistencia, no de una competición que se realice en la práctica.

55. Los teckel fueron criados para cazar tejones.

El cuerpo alargado y las patas cortas del teckel no son fruto de la casualidad. Esta raza fue desarrollada en Alemania para introducirse en las madrigueras, perseguir a los tejones y hacerlos salir al exterior.

De hecho, su nombre procede de las palabras alemanas Dachs, que significa tejón, y Hund, perro.

Su pecho fuerte le ayudaba a avanzar y excavar bajo tierra, mientras que su valentía y perseverancia le permitían enfrentarse a un animal tan peligroso. Aunque actualmente suele ser un perro de compañía, muchos teckel conservan un intenso instinto de caza, afición por cavar y un carácter mucho más atrevido de lo que su tamaño podría sugerir.

56. El corte tradicional del caniche tenía una finalidad funcional.

El característico corte de pelo del caniche no nació únicamente por motivos estéticos. Estos perros fueron utilizados originalmente como cobradores de aves acuáticas y un pelaje demasiado abundante podía dificultar sus movimientos y hacer que acumularan más peso al empaparse.

Por eso se recortaba el pelo en algunas partes del cuerpo para facilitar la natación, mientras se conservaban mechones alrededor del pecho, las articulaciones y otras zonas vulnerables para protegerlas del agua fría.

Con el tiempo, este corte funcional evolucionó hasta convertirse en los elaborados estilos que vemos actualmente en las exposiciones caninas.

57. El pastor australiano no procede realmente de Australia.

A pesar de su nombre, el pastor australiano se desarrolló como raza en Estados Unidos, especialmente en las zonas ganaderas del oeste, donde se utilizaba para conducir y controlar rebaños. Su inteligencia, resistencia y facilidad para trabajar junto a las personas lo convirtieron en un perro muy valorado en ranchos y explotaciones ganaderas.

El origen del nombre no está completamente claro.

La explicación más extendida lo relaciona con pastores vascos y con los perros que llegaron a Estados Unidos desde Australia durante el siglo XIX, junto con rebaños de ovejas. La raza terminó asociándose con ellos, aunque su desarrollo definitivo tuvo lugar en territorio estadounidense.

58. El labrador retriever procede de Terranova.

A pesar de su nombre, el labrador retriever no se originó en la región canadiense de Labrador, sino en la vecina isla de Terranova.

Sus antepasados eran los perros de San Juan, utilizados por los pescadores para recuperar peces, recoger cabos y ayudar en diferentes tareas dentro y fuera del agua.

Durante el siglo XIX, algunos de estos perros llegaron a Inglaterra, donde fueron cruzados y seleccionados hasta dar lugar al labrador moderno. Su afición por el agua, su capacidad para cobrar objetos y su característico pelaje resistente al frío recuerdan todavía aquel pasado ligado a la pesca.

59. Los dálmatas nacen blancos.

Los cachorros de dálmata nacen con el pelaje completamente blanco y sus características manchas empiezan a hacerse visibles aproximadamente entre los 10 y los 15 días de vida. Después continúan apareciendo y definiéndose durante los primeros meses, e incluso pueden surgir nuevas manchas pequeñas cuando el perro ya es adulto.

En realidad, la pigmentación ya está presente en la piel desde el nacimiento, pero todavía no se aprecia sobre el pelo. Las manchas pueden ser negras o marrones y cada dálmata desarrolla un patrón diferente.

60. El lundehund noruego fue criado para cazar frailecillos.

El lundehund noruego fue criado en las costas de Noruega para capturar frailecillos y acceder a sus nidos, situados en grietas y acantilados de difícil acceso. Su nombre procede de lunde, que significa frailecillo en noruego, y hund, perro.

Para realizar este trabajo desarrolló características anatómicas sorprendentes: tiene al menos seis dedos en cada pata, puede cerrar los conductos auditivos y posee unas articulaciones extraordinariamente flexibles. Estas adaptaciones le permitían trepar por las rocas, introducirse en pasos muy estrechos y retroceder por ellos después de localizar las aves.

61. El dóberman fue creado por un recaudador de impuestos.

El dóberman debe su nombre a Karl Friedrich Louis Dobermann, un recaudador de impuestos alemán del siglo XIX.

Como su trabajo lo obligaba a desplazarse transportando dinero por lugares que podían resultar peligrosos, buscó crear un perro que lo acompañara y protegiera.

Dobermann también se encargaba de la perrera municipal, lo que le daba acceso a perros con características muy diferentes. No dejó un registro preciso de los cruces realizados, pero seleccionó animales por su valentía, inteligencia y capacidad de protección hasta sentar las bases de la raza que posteriormente llevaría su apellido.

62. Las islas Canarias deben su nombre a los perros, no a los pájaros.

Este no te lo esperabas, eh?

Aunque solemos relacionar inmediatamente las islas Canarias con los canarios, fueron las aves las que recibieron su nombre del archipiélago y no al revés. La explicación tradicional relaciona el topónimo con la expresión latina Canariae Insulae, que puede traducirse como “islas de los perros”.

El escritor romano Plinio el Viejo contó que una expedición encontró en una de las islas perros de gran tamaño. Sin embargo, el origen exacto del nombre no está completamente resuelto y existen otras hipótesis, como que hiciera referencia a focas monje, conocidas antiguamente como “perros marinos”.

Por tanto, la relación con los perros es la explicación más popular, pero no puede presentarse como una certeza absoluta.

llamada perro

Datos curiosos sobre perros que hicieron historia y otros datos sorprendentes.

63. Al menos tres perros sobrevivieron al hundimiento del Titanic.

Entre los pasajeros del Titanic viajaban también varios perros, aunque no se conoce con total seguridad cuántos. Los registros permiten identificar al menos a tres supervivientes: dos pomeranias y un pequinés llamado Sun Yat-Sen, que lograron subir a los botes salvavidas junto a sus cuidadores.

Los tres pertenecían a pasajeros de primera clase y eran lo bastante pequeños como para llevarlos en brazos o esconderlos bajo una manta. Otros perros de mayor tamaño permanecieron a bordo y no sobrevivieron al naufragio.

64. Bluey vivió 29 años y cinco meses.

Bluey fue una hembra de boyero australiano que vivió en una granja del estado de Victoria, en Australia. Nació en 1910 y murió en 1939, después de alcanzar los 29 años y cinco meses, una edad extraordinaria para cualquier perro.

Durante décadas fue reconocido como el perro más longevo del que existía constancia fiable. En 2023 perdió temporalmente el récord frente a Bobi, un perro portugués al que se atribuyeron más de 31 años, pero Guinness retiró posteriormente ese reconocimiento al no encontrar pruebas suficientes de su edad.

Por ello, Bluey continúa siendo la referencia histórica mejor documentada.

foto antigua del perro Bluey

65. Un gran danés llamado Zeus llegó a medir 111,8 centímetros hasta la cruz.

Zeus fue un gran danés de Michigan, Estados Unidos, reconocido por Guinness World Records como el perro más alto jamás medido. Alcanzaba los 111,8 centímetros desde el suelo hasta la cruz y, cuando se apoyaba sobre las patas traseras, superaba los 2,20 metros de altura.

Gran danés Zeus record del mundo

Falleció en 2014, cuando tenía cinco años. No debe confundirse con otro gran danés también llamado Zeus que, años después, fue reconocido como el perro macho vivo más alto del mundo, aunque medía algo menos: 104,6 centímetros hasta la cruz.

66. El olfato de un bloodhound ha llegado a admitirse como prueba judicial.

El bloodhound, conocido en español como perro de San Huberto, posee una extraordinaria capacidad para seguir rastros humanos durante largas distancias y después de que hayan transcurrido varios días.

En algunos tribunales de Estados Unidos, el resultado de sus rastreos ha llegado a admitirse como prueba o indicio dentro de una investigación.

Sin embargo, el olfato del perro no se acepta automáticamente como una prueba concluyente. Para valorar su fiabilidad deben acreditarse aspectos como el entrenamiento y experiencia del animal y su guía, las condiciones en las que se obtuvo el rastro y el procedimiento utilizado. Normalmente, esta información debe apoyarse también en otras evidencias.

Bonus: curiosidades y datos sobre perros que no son tan ciertas como parecen.

67. Los perros no ven el mundo en blanco y negro.

Aunque durante mucho tiempo se creyó que los perros solo veían en blanco y negro, sí son capaces de distinguir colores. Su visión es dicromática, lo que significa que cuentan con dos tipos de células receptoras del color, frente a los tres que tenemos las personas.

Perciben especialmente bien los tonos azules y amarillos, pero tienen dificultades para diferenciar el rojo del verde, que pueden observar como tonalidades marrones, grisáceas o amarillentas. Por tanto, su mundo no carece de color, aunque su gama cromática es más reducida que la nuestra.

68. La boca de un perro no está más limpia que la de una persona.

Seguro que has oído alguna vez que la boca de un perro está más limpia que la de una persona o que su saliva tiene propiedades curativas.

En realidad, ambas bocas albergan una enorme cantidad de microorganismos, aunque sus comunidades bacterianas son diferentes. Por tanto, comparar cuál está “más limpia” no tiene demasiado sentido.

La saliva del perro contiene algunas sustancias con actividad antimicrobiana, pero eso no la convierte en un desinfectante. Lamerse puede ayudar a retirar momentáneamente la suciedad de una herida, pero hacerlo de manera insistente también puede irritarla, retrasar su cicatrización y favorecer una infección.

69. Llevar un juguete al recibirnos no siempre es una invitación a jugar.

Cuando un perro nos recibe con un juguete en la boca solemos interpretar que quiere jugar, pero esta conducta puede tener otros significados.

Algunos perros utilizan el objeto para canalizar la excitación que les produce nuestra llegada, regularse emocionalmente o realizar un saludo que han aprendido que consigue nuestra atención.

Tampoco está demostrado que el juguete sea una “ofrenda” con la que pretende demostrarnos su afecto o compartir sus pertenencias.

Para saber si realmente quiere jugar debemos observar qué hace después: si nos entrega el objeto, adopta una postura de juego o intenta que lo persigamos, probablemente sí nos está invitando a participar.

70. Rascar el suelo después de defecar no sirve para enterrar las heces.

Aunque pueda parecer que el perro intenta ocultar o cubrir sus deposiciones, normalmente está haciendo justo lo contrario: reforzando la señal que ha dejado. Al rascar, dispersa el olor y produce unas marcas visibles sobre el terreno que otros perros pueden encontrar.

Además del olor de las propias heces, las patas contienen glándulas que liberan sustancias olorosas.

Este comportamiento funciona, por tanto, como una forma de comunicación y marcaje territorial. No todos los perros lo realizan y su frecuencia puede variar dependiendo del individuo y del contexto.

71. Montar a otro perro, una persona o un objeto no siempre tiene una motivación sexual.

La monta puede formar parte de la conducta reproductiva, pero también aparece en perros esterilizados, cachorros y situaciones que no tienen ningún componente sexual.

Puede deberse al juego, la excitación, el estrés, la frustración o una dificultad para gestionar emociones demasiado intensas.

Tampoco significa necesariamente que el perro intente “dominar” a quien monta. Para entender la causa debemos observar cuándo aparece, qué ocurre inmediatamente antes y el resto de su lenguaje corporal. Si es muy frecuente, compulsiva o provoca conflictos con otros perros, conviene consultar a un profesional del comportamiento canino.

72. Existen razas de perros más inteligentes que todas las demás.

Es habitual encontrar clasificaciones que presentan al Border Collie, el caniche o el pastor alemán como las razas más inteligentes.

Sin embargo, estas listas suelen valorar sobre todo la rapidez con la que aprenden órdenes y su disposición para obedecerlas, dos capacidades importantes pero que no representan todas las formas posibles de inteligencia.

Un perro también puede destacar por su capacidad para resolver problemas, orientarse, seguir rastros, trabajar de manera autónoma, cooperar con otros animales o interpretar señales humanas.

Además, existen grandes diferencias entre individuos de una misma raza. Por eso, que un perro tarde más en responder a una orden no significa necesariamente que sea menos inteligente.

73. Un año de perro equivale a siete años humanos.

La conocida regla de multiplicar la edad del perro por siete es fácil de recordar, pero no refleja cómo envejecen realmente.

Los perros maduran muy deprisa durante sus primeros años: uno de doce meses ya ha alcanzado un desarrollo físico y sexual muy superior al de un niño de siete años. Después, el ritmo de envejecimiento se ralentiza.

Además, no todos envejecen igual. El tamaño, la raza, la genética y el estado de salud influyen notablemente: los perros pequeños suelen vivir más y envejecer más despacio que los grandes.

Por tanto, no existe una fórmula sencilla y universal para convertir con exactitud su edad en “años humanos”.

74. Los perros hacen sus necesidades orientándose siempre hacia el norte.

Esta curiosa afirmación procede de un estudio que observó cierta tendencia de los perros a alinear su cuerpo con el eje norte-sur al defecar. Sin embargo, la preferencia solo apareció cuando el campo magnético terrestre se encontraba estable, algo que sucedió durante una parte limitada de las observaciones.

Esto no significa que todos los perros busquen conscientemente el norte ni que adopten siempre esa orientación. El terreno, los olores, la presencia de otros animales y numerosas distracciones también influyen en la elección del lugar y la postura. El estudio sugiere que pueden percibir el campo magnético, pero convertir su resultado en una regla general es una exageración.

75. Los perros esterilizados viven siempre más.

Algunos estudios han encontrado una mayor esperanza de vida media entre los perros esterilizados. La intervención evita enfermedades de los órganos reproductores y puede reducir conductas como escaparse o deambular, disminuyendo así el riesgo de accidentes. Sin embargo, estos resultados muestran una asociación y no demuestran que la esterilización sea por sí sola la causa de una vida más larga.

También influyen la genética, el estilo de vida, los cuidados veterinarios y la edad a la que se realiza, y la intervención puede modificar el riesgo de padecer determinadas enfermedades.

Por eso, no es correcto afirmar que esterilizar prolongará siempre la vida de cualquier perro: la decisión debe valorarse individualmente con el veterinario, teniendo en cuenta su sexo, raza, edad y estado de salud.

76. El basenji es un perro que no puede ladrar.

El basenji es conocido como “el perro que no ladra”, pero no es completamente mudo.

Debido a la forma particular de su laringe, no suele emitir el ladrido convencional de otras razas y produce una vocalización característica, parecida a una mezcla de aullido y canto, conocida como yodel o baroo.

Además, puede gruñir, gemir, aullar y emitir ladridos breves en determinadas situaciones. Por tanto, se trata de una raza poco ladradora y con una forma de vocalizar muy peculiar, pero afirmar que es incapaz de ladrar o hacer ruido es una exageración.

77. Los perros callejeros de Moscú saben utilizar el metro como las personas.

Está documentado que algunos perros callejeros de Moscú entran en las estaciones, suben a los trenes y se desplazan en ellos. Incluso se ha observado que aprovechan el calor del suburbano y las zonas céntricas, donde encuentran más oportunidades de conseguir comida.

Sin embargo, no está demostrado que comprendan el mapa, cuenten las paradas o planifiquen el trayecto como lo haría una persona. Probablemente se orienten mediante rutinas aprendidas y señales como los olores, los anuncios, el tiempo transcurrido o el comportamiento de los pasajeros.

Por tanto, sí utilizan el metro, pero muchas historias sobre sus habilidades están adornadas.

perro

Todavía nos queda mucho por descubrir sobre los perros.

Después de miles de años de convivencia, podría parecer que conocemos perfectamente a los perros. Sin embargo, la investigación continúa revelando nuevos detalles sobre cómo perciben su entorno, interpretan nuestras señales, se comunican y establecen vínculos con nosotros.

Algunas de estas conclusiones confirman lo que muchas personas ya intuían al observarlos; otras nos obligan a revisar creencias que llevamos repitiendo durante décadas.

Conocer estas curiosidades no solo sirve para sorprendernos con sus extraordinarias capacidades. Comprender cómo experimentan el mundo nos ayuda a interpretar mejor su comportamiento, respetar sus necesidades y construir una relación más amable con ellos, sin atribuirles intenciones humanas ni dejarnos llevar por falsos mitos.

¿Conocías todos estos datos sobre perros?

Si sabes alguna otra curiosidad que no hayamos incluido, puedes compartirla en los comentarios. Quizá nos ayudes a seguir ampliando la lista.

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