Todos los que tenemos perro siempre decimos que lo conocemos mejor que nadie. Si esto fuera cierto podríamos percibir rápidamente si nuestro perro está bien, está enfermo o estresado ¿no?

Pues hoy vamos a hablar de un estudio que pone esto en duda. Este estudio realizado en la Universidad de Pisa analiza la capacidad que tenemos las personas de detectar el estrés en nuestros perros.

¿Crees que cumpliremos con lo que se espera de nosotros? Vamos a verlo.

¿Sabemos qué es el estrés?

En este estudio participaron 1190 personas que tienen perro, lo cual nos da un grupo de estudio interesante.

Lo primero que habría que preguntarse es si las personas entendemos qué es el estrés (lógico, si no sería imposible que supiéramos detectarlo).

En esto aprobamos. La mayoría de las personas participantes aseguraron entender que el estrés es una alteración del equilibrio psicofísico que puede llegar a derivar en enfermedad para el perro.

Esto es un primer paso (minipunto para el equipo de los humanos).

¿Sabemos cuales son las señales de estrés en perros?

Vamos a por la segunda pregunta: ¿Cuáles son las señales caninas que más relacionamos con el estrés?

Las señales que más relacionamos son: temblores y gemidos, seguidos de agresividad, ladrido excesivo y jadeo.

Esto también lo podemos considerar un acierto (¡otro minipunto!). Pero aquí es conveniente pararse a realizar un matiz. Todas estas señales de estrés mencionadas aparecen en situaciones de estrés crítico. Es decir, cuando el perro está en este punto es que ya las está pasando canutas (en un pico de estrés).

Lo interesante sería descubrir si realmente somos capaces de anticiparnos. Es decir, percibir las señales que nos avisan de esa situación para poder actuar y prevenir llegar a ese punto. Dicho de otro modo: entender el lenguaje del perro antes de que ya esté sometido a un pico de estrés.

Y en esto… ¡suspendemos!

Señales de estrés sí, pero señales de calma, no tanto.

Las señales de calma como: desviar la mirada, girar la cabeza o chuparse la trufa (por mencionar algunas de ellas) fueron mucho menos relacionadas con estados de estrés entre los participantes en el estudio.

Esto nos dice que, muy a nuestro pesar, no entendemos tanto a los perros como para realmente fijarnos si algo le pone nervioso o le incomoda. Solo somos capaces de percibirlo cuando el perro ya está en medio de un pico de estrés, no antes.

Recuerda que, como ya te he contado antes aquí, las señales de calma son las primeras que el perro va a usar cuando empieza a encontrarse incómodo y por eso es tan importante conocerlas.

¿Y si tu perro lleva tiempo intentando hablarte?

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Qué ocurre dentro del perro cuando se estresa.

Cuando un perro se enfrenta a una situación que percibe como amenazante o impredecible, su cuerpo activa una respuesta automática: la respuesta de estrés.

Esta reacción no siempre es mala (de hecho, es una importante herramienta de supervivencia), pero cuando se mantiene demasiado tiempo o se repite con frecuencia, puede afectar a su bienestar físico y emocional.

Durante esta respuesta, el cerebro libera adrenalina y cortisol, dos hormonas que preparan al cuerpo para reaccionar rápidamente: aumenta la frecuencia cardíaca, la respiración se acelera, las pupilas se dilatan y los músculos se tensan.

Todo esto es útil en momentos puntuales (por ejemplo, ante un ruido fuerte o un perro desconocido), pero si el perro vive en un estado constante de alerta, estos niveles hormonales dejan de regularse y pueden provocar:

  • Dificultad para relajarse incluso en entornos seguros.
  • Alteraciones del sueño y del apetito.
  • Mayor irritabilidad o reactividad.
  • Bajada de defensas y problemas digestivos o de piel.

Por eso, el estrés no es un “problema de conducta”, sino una condición fisiológica que afecta a todo el organismo del perro. Comprender este proceso es el primer paso para reconocer cuándo necesita ayuda o descanso antes de que la tensión se acumule.

Factores que pueden generar estrés en los perros.

Aunque cada perro reacciona de forma diferente, hay algunos factores que suelen generar estrés con más frecuencia que otros. Algunos están relacionados con el entorno, otros con la rutina o incluso con nosotros mismos.

Entorno y contexto:

  • Ruidos fuertes como tormentas, petardos o tráfico.
  • Cambios en el hogar (mudanzas, reformas, llegada de un nuevo miembro).
  • Falta de espacios tranquilos o de descanso.
  • Paseos sin libertad para explorar ni olfatear.

Rutinas y estilo de vida:

  • Exceso o falta de actividad física.
  • Jornadas demasiado largas de soledad o confinamiento.
  • Falta de estimulación mental (poca exploración, monotonía).
  • Entrenamientos duros, inconsistentes o poco comprensibles para el perro.

Factores emocionales y sociales:

  • Vínculos inseguros con su tutor o experiencias negativas previas.
  • Falta de control sobre su entorno (no poder decidir, anticipar o escapar).
  • Reacciones de estrés compartidas con sus humanos (sí, el estrés también se contagia).

Reconocer estos factores no implica que debas eliminar todo lo que pueda alterarlo, sino entender qué situaciones le resultan más difíciles para poder adaptarlas y prevenir que el estrés se vuelva crónico

Vemos el estrés en el perro, pero cuando ya lo está sufriendo.

Está claro que si quieres ayudar a tu animal y evitar la aparición de problemas (antes de que ocurran) debes desarrollar la habilidad de entender adecuadamente a tu perro. Evitar situaciones de estrés y favorecer una rápida recuperación de la calma es algo fundamental en el tratamiento y recuperación de los problemas de comportamiento como miedos y agresividad.

¿Y tú, eres capaz de entender las señales de tu perro o no?

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Este artículo se publicó el 11/03/2020 y se ha actualizado por última vez el 30/10/25.

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One Comment

  1. Layla 1 de noviembre de 2025 at 00:11 - Reply

    Gracias por compartir. Muy interesante sensibilizarse ante las respuestas de ansiedad y miedo de nuestros perros.

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