Cómo positivizar una jaula para que sea el sitio preferido de tu perro.

son buenas las jaulas para perros

Las jaulas o transportines para perros pueden ser una valiosa herramienta que puede ayudarte mucho siempre que sepas cómo usarla correctamente. En este artículo quiero contarte por qué las jaulas para perros son tan recomendables y cómo conseguir paso a paso que a tu perro le encante estar dentro de ella.

Jaula vs transportin.

¿Qué es cada cosa? ¿Qué es mejor, la jaula o el transportín? ¿Qué es lo que necesito? Así, de forma rápida, podemos definir cada elemento de la siguiente forma.

Las jaulas son elementos que suelen ser metálicos, de barrotes y con una bandeja en su interior que mejora el confort y facilita la limpieza. Van muy bien para perros de tamaño mediano-grande y además se pueden plegar, quedando reducidos a una especie de “maletín” que podemos guardar debajo de la cama.

Los transportines son elementos de plástico de diferente tipo (y calidad), suelen ser de cuerpo curvado y están más cerrados al exterior que las jaulas. Normalmente se suelen desmontar en dos partes. Son muy usados para perros tirando a pequeños, aunque para perros grandes se les puede instalar ruedas para mayor comodidad.

¿Qué es mejor, jaula o transportín?

Para un uso cotidiano realmente no importa demasiado que sea una cosa u otra. Lo importante es que encuentres algo de buena calidad y sobretodo un buen tamaño para tu perro, salvo que tengas necesidades más específicas. Por ejemplo, para viajar en avión sí que es obligatorio que el animal viaje en transportín (y no en cualquiera, sino en uno homologado según la Normativa IATA).

Por qué son buenas las jaulas para perros.

Antes de nada, para no tener que estar repitiendo constantemente ambas palabras hablaré de forma genérica usando el término “jaula”, pero se podría aplicar igualmente a un transportín. El algunos casos matizaré algunos detalles, pero de forma genérica nos valen ambas herramientas.

Una jaula bien trabajada nos puede ayudar mucho en aspectos como:

  • Generar un espacio en el que el perro se sienta cómodo, seguro y que sea su espacio, donde va a tener el privilegio de que no le molesten.
  • Entrenar ciertos aspectos muy útiles para el día a día como la tranquilidad (sí, se puede entrenar), control de impulsos, etc. En mi caso, que tengo dos perros, me ayuda mucho mientras entreno con uno de ellos, el otro espera tranquilamente su turno.
  • En el caso de cachorritos, puede serte útil en algún momento en el que no puedas estar vigilando al perrito y necesites que esté a salvo tanto él como tus cosas (ojo, esto no quiere decir tener encerrado al cachorro siempre en la jaula).
  • Acostumbrar al perro a permanecer y viajar en este espacio, lo que puede ayudar tanto en visitas rutinarias al veterinario, a cursos de entrenamiento o fines de semana de escapada. Es como si tú pudieras llevarte tu propia cama a cada sitio que viajas.
  • Puede ser útil para el tratamiento de problemas específicos como la ansiedad por separación o los problemas de conductas higiénicas.
  • Etc…

Siempre usar de forma apropiada.

No sé si te has dado cuenta, pero he comenzado varias frases diciendo “una jaula usada correctamente….”, “una jaula bien trabajada…”, etc. Creo que se entiende lo que quiero decir, pero para que quede totalmente claro: una jaula (o transportín) debe ser usada correctamente.

Y correctamente aquí tiene varios matices:

  • Que resulte eficiente para lo que quieres conseguir con el perro a nivel de entrenamiento o aprendizaje.
  • Y todavía más importante, que NO SEA USADA DE FORMA CRUEL O DURA PARA EL ANIMAL.

Nunca, nunca (nunca) se debe meter al perro a la fuerza en una jaula. Esto es signo de que o bien existe un problema en la relación perro-jaula o que somos un poco gañanes e impacientes con el perro (o ambas). El animal debe entrar de forma placentera y permanecer tranquilo, cómodo y feliz en su interior.

No a todos los perros les gusta la jaula, y es cruel e inhumano forzar a un animal que muestra miedo o ansiedad a usar una.

Cómo usar una jaula adecuadamente.

La jaula por tanto debe ser entrenada correctamente para evitar problemas (crate training que llaman los anglosajones). Haciendo las cosas bien el perro la aceptará de buen grado ya que será su “madriguera” y podrás sacarle todo su potencial.

De hecho, lo ideal es que la puerta de la jaula esté siempre abierta mientras estás en casa (en los transportines incluso se puede quitar completamente) para que el perro pueda entrar y salir de forma voluntaria.

En cuanto al tamaño, la jaula debe ser suficientemente alta para que el perro pueda permanecer de pié en su interior; suficientemente ancha para que el perro pueda girar en su interior; y suficientemente larga para que el perro pueda tumbarse dentro.

¿Significa esto que cuento más grande, mejor? No, lo ideal es una jaula lo más pequeña posible que cumpla con lo anterior, ya que buscamos también que se cree ese “efecto madriguera” para que el animal se sienta seguro en su interior, y eso se consigue con el tamaño justo y necesario.

12 pasos para usar la jaula de forma amable.

Vamos con el proceso de positivización de una jaula (o transportín). Si sigues estos pasos y respetas los plazos del perro conseguirás que tu jaula sea uno de los lugares más apreciados por tu perro, lo que sin duda te puede facilitar mucho la vida.

Paso 1: buscar un lugar adecuado.

Lo primero que debes hacer es pensar dónde lo vas a colocar. Piensa en tu perro y lo que deseas. Si quieres que esté tranquilo pero es un poco perro velcro, lo lógico será que pongas la jaula en un sitio en el que pueda verte mientras está dentro. Si no haces esto, NUNCA aceptará estar en la jaula.

Por ejemplo puedes colocarla en el salón cerca o enfrente del sofá (o donde consideres).

Paso 2: olvídate de la jaula.

Tal cual. Durante los próximos días (o semanas) tienes que olvidarte que eso está ahí. Como si fuera un mueble más. Lo que buscamos con esto es que el perro se habitúe a la presencia de ese objeto, sin más. Si tiene curiosidad podrá entrar, olfatear alrededor, etc. Pero de momento no tienes que pedirle que entre.

Conviene que coloques dentro algún objeto de descanso (manta, cama, etc) que el perro ya haya usado previamente (que sea un objeto que conozca y tenga su olor) para que el perro opte voluntariamente a entrar y descansar.

Insisto: será decisión del perro si quiere entrar o no en la jaula (o transportín). Ni se lo vas a pedir todavía, ni por supuesto le vas a meter a la fuerza.

Paso 3: coloca alguna inesperada sorpresa.

Una vez que el transportín en sí no le produce ningún tipo de temor o respuesta negativa al perro, y que ya incluso entra de vez en cuando, puedes ejecutar este truco para aumentar el interés del animal hacia ese espacio.

De forma ocasional y sin que el perro te vea hacerlo, coloca dentro algún premio muy apetitoso: un cachito de pollo o de filete de la comida, una chuche especial o cualquier cosa que le fascine. Si de vez en cuando y sin esperarlo se encuentra cosas así en su interior (bien al fondo), fomentarás en el perro un interés hacia el objeto de forma que cada vez que pase por delante meterá la cabeza “solo por si acaso” hay algo.

Al final, esto se convertirá en rutina.

Paso 4: enséñale a entrar.

Llega el momento de enseñar al perro a entrar cuando se lo pidas. Para ello puedes ayudarte del clicker y unos premios y rápidamente podrás construir una señal de entrada fiable.

Esto es lo primero que hay que hacer una vez que el perro haya decidido entrar por su propia voluntad, ya que como he repetido varias veces nunca debes meter al perro a la fuerza. Siempre se lo pedirás, y será el perro el que entre.

Para conseguir esto tienes que seguir esta rutina:

  • Primero lanza un premio al interior del transportín y clica en el momento que el perro está pasando por la puerta (el premio es el que lanzas dentro, no es necesario darle más). Es importante que lances el premio de forma que tu brazo señale el interior, ya que eso te ayudará a pasar al siguiente paso. El perro entrará, comerá el premio y saldrá. Repetir varias veces.
  • Una vez el perro está entrando de forma fluida, en lugar de lanzar un premio al interior “haz como que lo lanzas” pero no, es decir, limítate a realizar un gesto señalando al interior, como si tirases el premio pero sin hacerlo, manteniendo el mismo gesto que hacías en el punto anterior. Lo que esperas es que el perro entre ya que previamente lo ha hecho un montón de veces, y cuando lo haga haz clic y le entregas tú el premio (ya que esta vez no has lanzado nada). E voila!! Tienes una señal gestual para que el perro entre a la jaula.
  • Cuando entre de forma segura y sin problemas con la señal gestual, lo que harás será empezar a usar una señal verbal, una palabra que podrá ser “a tu sitio”, “dentro”, “a casa” o lo que quieras. La forma de proceder es decir esa palabra justo antes de realizar el gesto que ya le has enseñado. Cuando el perro entre: click y premio. Con el paso de repeticiones, el perro asociará esa palabra a entrar a la jaula.

Recuerda que hay que trabajar al ritmo del perro, sin prisa. Si te pasas de ritmo el perro puede coger manía al transportín, cosa que después te va a llevar mucho más tiempo resolver.

Paso 5: enseñar a salir.

¿Cómo? ¿No debería salir solo el perro? Error. No queremos perros que luchen por salir, que empujen con el morro o la pata la puerta mientras la abres y que salgan corriendo en tropel y de forma desordenada. Eso es lo contrario a lo que quieres: calma, paz, tranquilidad.

Por lo tanto, una vez que tienes al perro entrando a la orden, lo que harás será (antes de que salga por su cuenta) decirle una señal para que salga como “sal”, “fuera”, etc., acompañada de un gesto con el brazo para favorecer que salga. En cuanto esté pasando por la puerta (al salir): click y premio. Es decir: le das el premio por entrar y el premio por salir.

Date cuenta que todavía no hemos forzado de ningún modo a permanecer al perro en el interior. De hecho, no necesitas ni tener puerta para todo lo que estás trabajando.

Paso 6: premiar la estancia en el interior.

Para llegar aquí necesitas que el perro disfrute entrando y saliendo del transportín. Debes trabajarlo como si fuera un truco más, igual que dar la pata o hacerse el muerto. A la secuencia de entrar y salir que tienes ya construida vas a añadir un refuerzo en el interior de la jaula.

Una vez que el perro entra y tras darle el premio por entrar, simplemente espera en calma y deja un premio en el interior de la jaula (en el suelo), para que el perro lo tome y espere a que suene la palabra de salida.

Lo que tienes aquí por tanto es: premio por entrar (que se lo das con la mano cuando entra), premio por estar (que le dejas dentro en el suelo) y premio por salir (que le das fuera cuando sale). Poco a poco puedes añadir un segundo premio por “estar” para alargar el tiempo que está dentro antes de pedirle que salga. Después un tercero, un cuarto, etc…

Si sale antes de que le des la señal, no le premies. Por lo tanto, cuanto más permanezca dentro más será reforzado, y cuando le des la señal de salida, además del premio recuerda que debes felicitarle mostrando ese afecto que se merece e incluso algo de juego.

Paso 7: alargar la permanencia.

Vas a alargar el tiempo que pasa el perro dentro de la jaula, ojo, sin cerrar la puerta. ¿Cómo logras esto? Puede ser muy simple: quizá con ponerle la comida dentro al perro ya sea suficiente para que se quede un poco. A lo mejor con un hueso masticable se queda tan pancho dentro masticando, pues perfecto.

Si no se queda de forma voluntaria, lo que puedes hacer es preparar alguno de esos juguetes tan útiles como son los kong y atarlo al fondo de la jaula, de forma que si el perro quiere disfrutar de ello tendrá que quedarse dentro.

El objetivo: que el perro cada vez esté más tiempo dentro de forma tranquila.

Paso 8: presentar la puerta.

Solo a partir de este punto vas a comenzar a usar la puerta.

Mientras está en el interior entretenido con eso tan apetitoso que le has preparado, puedes abrir y cerrar la puerta varias veces para que el perro se habitúe a su movimiento, a su sonido, a las vibraciones de abrir y cerrar (las jaulas son bastante ruidosas para esto, más que los transportines, y los perros a veces se asustan). Solo esto, todavía no vas a dejar cerrado al perro.

Además es un buen momento para cambiar la ubicación de la jaula y que el perro aprenda a estar en diferentes lugares pero siempre dentro de su “casita portátil”.

Paso 9: cerrar la puerta.

Si todo va bien hasta aquí puedes proceder a cerrar la puerta mientras el perro está dentro, siempre (siempre) entretenido con algo en su interior.

Debes controlar el tiempo que mantienes cerrada la puerta independientemente del tiempo que el perro haya mostrado que puede estar dentro de forma tranquila. Es decir, que aunque el perro sea capaz de echarse 2 horas de siesta dentro de la jaula eso no quiere decir que vayas a cerrar 2 horas la puerta porque “es lo que el perro aguanta”. No.

Comienza desde algo simple, puede ser 1 minuto, medio o 10 segundos. Debes observar cómo reacciona el perro. Ver la puerta cerrada no es lo mismo que ver la salida disponible.

Una nota importante aquí: si el perro muestra cualquier señal de estrés o incomodidad en el interior: abre la puerta y que salga!!! Por favor, olvídate de eso que seguro te han repetido tantas veces de “si el perro llora no debes abrir porque se lo refuerzas”. Esto no es así. Si el perro se encuentra mal, tú como su responsable y su compañero debes asistirle, lo que en este caso significa abrir la puerta para que el perro esté tranquilo.

Si has realizado correctamente todo lo anterior y corres demasiado, esto no debería pasarte.

Paso 10: el momento de la siesta.

Si poco a poco has ido aumentando la estancia del perro en el interior del transportín o jaula y todo ha ido bien, es momento de plantearle al perro una siesta dentro de la jaula.

Para ello busca un momento de descanso, por ejemplo, tras una salida o después de comer, cuando sabes que el perro se va a dormir, y déjale dentro de la jaula entretenido con el kong, cerrado hasta que se duerma y que pase la siesta ahí.

Si el perro consigue descansar es una fantástica señal, ya que te está diciendo que se encuentra suficientemente calmado como para echar una cabezadita dentro de la jaula (bien!). Ya sabes, ante cualquier síntoma de displacer, abre (es decir, esta siesta la tienes que pasar cerca del perro).

Recuerda que lo que queremos construir es un espacio de calma y tranquilidad, por lo tanto siempre que el perro esté dentro y cerrado no debes generar ninguna expectativa en el exterior de la jaula que haga que el perro quiera salir, como por ejemplo jugar con pelotas, dejar comida, etc. Así solo favorecerás la aparición de nerviosismo porque el perro quiere salir de ahí.

Para eso son mejor los transportines porque están más cerrados al exterior y el perro normalmente solo observa por la zona de la puerta. Para aumentar la sensación de calma en el perro si tienes jaula (que son más abiertas) puedes colocar una sábana o tela de forma que tapes todas las partes excepto la entrada. Así tendrás un mayor “efecto madriguera

Paso 11: aumentar dificultad.

En este punto el perro debería tener muy claro el uso de la jaula: le gusta, puede pasar tiempo dentro y le otorga calma y seguridad. Es el momento de aumentar la dificultad, por ejemplo alejándote de la jaula mientras está dentro, llevándole a otros lugares, permaneciendo cada vez más tiempo, etc…

Por supuesto, esto debe ser progresivo y adaptado a la realidad de cada perro-persona. Si en el camino aparece algún problema se deberá trabajar para solucionarlo. El objetivo es siempre que el perro encuentre su lugar de calma en el interior.

Paso 12: ¡el placer de tener una casa portátil!

Ya está, tu perro tiene trabajado un correcto transportín (o jaula). Es verdaderamente útil para estar en casa, para viajar, para ir con el perro al veterinario o a cursos de entrenamiento.

Recuerda mantener un uso apropiado de esta herramienta tan valiosa. Nunca castigues al perro dentro ni le introduzcas a la fuerza, ya te he dicho.

¿Hasta donde llegar?

Este es un tema delicado. Personalmente, recomiendo que el animal no pase más de 2 horas en el interior de la jaula, que es un tiempo razonable para hacer paradas mientras se viaja o para dar un descanso el perro mientras esperas en el veterinario o en un curso.

No debes dejar al perro encerrado toda la noche, ni las 8 horas que vas a trabajar. Salvo que el perro presente algún problema físico o conductual (como la ansiedad por separación) que precisen de un uso más específico de la jaula y diferente al que aquí se ha descrito, se debería usar con criterio y moderación. Recuerda, para el perro debe ser su espacio de calma y tranquilidad.

En esos casos especiales, el uso debería ser siempre supervisado por un profesional.

A todos nos gusta nuestra cama, pero si te encadenan a ella todo el día, seguro que cambias de opinión, ¿verdad?

Espero que te haya gustado el artículo. Si tenéis dudas o comentarios puedes escribir en la sección de comentarios, te responderé pronto. Y no te olvides de compartir en las redes si te ha gustado.

 

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